Para implorarle que vuelva a casa tendrían que ir muy mal las cosas. Eso es lo que espera que haga, que fracase sin él.
Se equivoca. Aunque tiemblen mis piernas y el corazón se me acelere cada vez que tengo que salir, he conseguido recuperar el control de mi vida. Ahora sé que sale el sol cada mañana, que he vuelto a sonreír.
Respiro profundamente al abrir la puerta y compruebo que todo está en orden. No he de temer nada, demostraré que puedo ser muy valiente, como una heroína de cómic, armada con una pulsera que tiene superpoderes.


















