Avanzo en formación. He pasado largas horas despierto, preocupado. Es mi primera vez. Me tiemblan tanto las piernas que apenas puedo andar. Disimulo mi cobardía, aunque temo que este sudor frío que perla mi frente me delate.
En posición frente a él, cumplo órdenes. Apunto al arrebolado amanecer que se refleja en sus ojos y disparo.
En medio de la oscuridad, busco a padre. No ha hecho nada. Es un buen maestro, fiel a sus ideales, que ha dedicado su vida a la enseñanza. Lo han sacado de casa a la fuerza. ¡Dios mío, he de encontrarlo! Madre está desolada y confía en mí. Soy el mayor. Las lágrimas no me dejan ver con claridad. Menos mal que el día empieza a clarear… Cuerpo a tierra de un salto cuando, al alba, unas detonaciones erizan mi miedo.
—¿Son disparos? No puede ser… ¡Asesinos! ¿Qué le habéis hecho?
Corro desesperado hacia ellos con la cara inyectada de rabia.
A pesar de esta noche de torturas insoportables, no han logrado doblegarme. He sido juzgado y sentenciado antes del amanecer.
—¡Disparad, cobardes! De la tierra que abrigue mi alma florecerán libres las amapolas. —les grito.
Me ciegan los últimos fogonazos. Rojo silencio.
(Relato escrito para la web estanochetecuento.com ENTC
en Febrero 2019)
Un relato con menos de 200 palabras inspirado en el color ROJO.
Ha resultado seleccionado entre los RELATOS MENCIONADOS
(candidatos a la repesca de final de temporada)
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