Me sentía segura y a salvo si tú me cobijabas. Mis días se llenaban de luz con el color que irradiaba tu piel. Escuchaba el tintineo de la lluvia acurrucada en tu abrazo, sin miedo a que me alcanzase la tormenta.
Pero, de pronto, aquel manto de sombra con el que me envolvías se transformó en un agujero negro. Volaste veloz hacia nuevos horizontes. En tu huida me dejaste desvalida bajo un sol abrasador.
Ahora, regresas desvencijada, suave como la brisa, pero ya es demasiado tarde. Solo somos una sombrilla para dos frente a un mar de silencio.
Relato Finalista en el Concurso de Microrrelatos
"La Sombra del Enano"
