jueves, 30 de septiembre de 2021

EL BESO

 

Tal vez, a mediados de agosto de aquel verano, la culpa la tuvo el asfixiante calor que derretía la razón e invitaba a la locura en el centro de Nueva York.

En la consulta del dentista, donde yo trabajaba como asistente, las ventanas permanecían abiertas de par en par. Los ventiladores habían perdido su eficacia. El aire se tornó tan denso y pegajoso que lo hacía irrespirable. Noté cómo los chorros de sudor se deslizaban en zigzag a lo largo de mi espalda y empapaban por completo mi ropa interior. Necesitaba salir de allí antes de que aquel blanco e impoluto uniforme se me pegara al cuerpo como una segunda piel.

Una cálida brisa me acarició el rostro al alcanzar la calle. Intenté recuperar el aliento, sin darme cuenta de lo que en ese momento sucedía a mi alrededor. Cuando recobré la calma, percibí un leve murmullo muy distinto a los habituales sonidos de la ciudad. Despertó mi curiosidad. A medida que me acercaba a su origen, creció hasta convertirse en una enorme algarabía. La gente, emocionada, lloraba y se abrazaba con desconocidos.

Pensé que habría ocurrido alguna desgracia, pero sus caras expresaban alegría, a pesar de sus lágrimas.

—¿Qué ha pasado? —pregunté desconcertada.

—¡Japón se ha rendido! ¡La guerra ha terminado! —respondieron a voces.

Aquella noticia me hizo tan feliz que me uní a ellos para celebrarlo. Todas las guerras eran terribles, pero esta había sido mucho más cruel. El sufrimiento provocado por la pérdida de millones de vidas sería inolvidable.

Al conocer la maravillosa noticia del fin del conflicto bélico, las calles fueron tomadas por la multitud.

Por mi parte, tenía muchos motivos para sentirme muy dichosa por el cese de aquella terrible guerra. Llegué a los Estados Unidos en 1939, tras la ocupación nazi de mi país, Austria, escapando de aquel infierno junto a dos de mis hermanas. La otra fue enviada a Oriente Medio. Jamás volví a ver a mis padres. Ambos murieron en el Holocausto.

Pero frente a Times Square, me sucedió un hecho, tan excepcional como inesperado, que marcó mi vida para siempre. De repente, noté que alguien me tomaba muy fuerte por la cintura, envolvía mi cuerpo con firmeza en su abrazo y unía sus labios a los míos en un apasionado beso. Fue imposible evitarlo.

En cuanto pude, me liberé de sus brazos y le planté cara.

—¿Cómo te atreves? —le pregunté muy ofendida a aquel marinero tan desconsiderado.

—Perdóname, no ha sido mi intención molestarte. Me he dejado llevar por la emoción y la euforia del momento.

Me explicó que me tomó en sus brazos porque vio a una enfermera y estaba muy agradecido con todas ellas. Le habían cuidado con gran dedicación durante su convalecencia por una herida de guerra. No se trató de algo romántico, sino que fue su forma de decir: «Gracias, la guerra ha terminado».

Tras el beso, nos separamos con rapidez. Ni nos presentamos ni mostramos ningún interés por intercambiar nuestros nombres. Jamás volvimos a vernos.

No tuve conocimiento de la existencia de esa fotografía, que plasmó el preciso instante de lo sucedido aquel día, ni de su enorme trascendencia hasta la década de los sesenta. La vi por casualidad en aquel libro, «El ojo de Eisenstaedt», del conocido fotógrafo Alfred Eisenstaedt.

Había dado la vuelta al mundo y se había convertido en todo un símbolo. Reconocí mi figura, mi ropa y, especialmente, mi peinado. Era yo, sin ninguna duda. Por un segundo, creí estar de nuevo en medio de aquella locura y las lágrimas fluyeron solas.

Con el tiempo, a los medios de comunicación se les ocurrió organizar nuestro reencuentro. Se efectuaron nuevas fotos y recibimos un tratamiento estelar en todas las noticias, pero no era lo mismo. Todo había cambiado. Ya no éramos ni aquella joven enfermera ni aquel apasionado marinero. La blanca curvatura de mi espalda había desaparecido, así como el ímpetu de George.

Ya no flotaba en el aire el aliento de fuego de la guerra, de aquella devastadora barbarie que acabó con sesenta millones de personas. Aquella mágica sensación que provocó la victoria se había vuelto pasado. Tan solo éramos dos ancianos en Times Square, dos desconocidos a los que la historia quiso mantener unidos para siempre por un gesto de cariño.  

Esta es la verdad de un beso que se volvió eterno, aunque había nacido para el olvido.



Relato con el que participo en el Concurso #HistoriasdelaHistoria de zendalibros.com






Fotografía de Alfred Eisenstaedt.



lunes, 27 de septiembre de 2021

ETERNAL

 

En cada restauración de antigüedades, intentaba alcanzar esa excelencia única, tan alejada de modas sin personalidad. Antes de empezar, las observaba en silencio tratando de escuchar su voz. Supo que esta era diferente, especial. Debía respetar su esencia, si quería construir algo bello. Parecía tener alma, incluso, la oyó palpitar. Mientras buscaba la procedencia de aquel latido, fue engullido por la negrura. Algo accionó el mecanismo que selló su tiempo en el corazón del reloj.


Relato escrito para el Reto 5 líneas del mes de septiembre de 2021 del blog de Adella Brac.

Las palabras son: Mecanismo / Modas / Construir.




Foto de Jason Olliff en Unsplash



sábado, 25 de septiembre de 2021

HOJA A HOJA...

 

Hoja a hoja

me despojaré de ti

y seré otoño.

Verso a verso

fluirán ríos de palabras

incandescentes.

Será tiempo

de cobijar luz

en el alma,

de curar heridas

con letras,

de tañer silencios.




Foto de Nong Vang en Unsplash




ETÉREO SUSPIRO...

 

Etéreo suspiro

que despliega mis alas

y eleva mi pecho.

Liviana palabra

que el viento espuma

y de la lluvia cobija.

Silencio a gritos

que empapa de luz

y tiñe de versos.

Eco de abismos

que rompe la voz

y anida en el alma.

Todo eso eres...







PRESAS DE TU LUZ...

 

Presas de tu luz,

tus caricias silencio.

Un velo de ausencia,

como cristales de sal

sobre mi cuerpo.

Cae la noche

entre lunas de mar,

mi espalda rota

y mis manos de arena.

Llueve soledad

sobre mi desnudez.

Callan mis latidos

lo que grita el viento.







SI PUDIERA...


Si pudiera

detener el tiempo

en tus palabras de sal,

engañar a la oscuridad
en el latir de tus versos.

Si pudiera

detener las mareas

en tus manos de viento,
recoger la lluvia
en tus labios de arena.
Si pudiera
ser eco en tu abismo,
ser tu silencio.







HAY SILENCIOS DESNUDOS...

 

Hay silencios desnudos

en la memoria

que son melodía en la piel.


Hay palabras mudas

en los labios

que gritan en un abrazo.

Hay días noche

en una ausencia

que disparan al corazón.

Hay noches día

en la ternura

que iluminan tanto como tú.







miércoles, 15 de septiembre de 2021

ALMA DE BLUES

 

Queman su piel los primeros rayos de sol. Abriendo sus ojos, poco a poco, abandona el velo de oscuridad que los cubre, acostumbrándose a la luz. Su cuerpo se despoja de la soledad que lo acompaña durante la noche, sin rozar su desnudez, que duerme dándole la espalda. Abandona su gélida habitación. Necesita descongelar los sentimientos, que le ahogan atravesados en su garganta, pugnando por salir. Todo ha terminado.

El amanecer devuelve la tibieza a su cuerpo. Se refugia en el bálsamo de su abrazo. Su alma de blues arrastra su dolor mientras con su voz rota acaricia sus cuerdas.


Publicación de mi relato ALMA DE BLUES,
en el nº 9 de la Revista Valencia Escribe. Segunda era,
correspondiente al mes de septiembre de 2021.











lunes, 13 de septiembre de 2021

IMPLOSIÓN

 

Durante la cena familiar, sin preaviso, se produjo la erupción de reproches. En cuanto nos sentamos a la mesa, una lluvia fina de cenizas se cernió sobre nosotros como preludio de la catástrofe. Con los primeros temblores, se tambalearon los cimientos que nos proporcionaban equilibrio. Al escuchar algunos crujidos a traición, se resquebrajó la fortaleza que nos mantenía unidos. Dolían demasiado esas grietas. Aun así, intenté evitar que por ellas escapara toda aquella ira corrosiva que habíamos ido acumulando durante años. Mis hermanas, al rojo vivo, comenzaron a lanzarse rocas de agravios, que reabrieron sus heridas incandescentes. Intenté tranquilizarlas, que recuperaran la cordura, pero su cólera fue en aumento e hicieron frente común contra mí. Me vi arrastrado por su rabia de lava y ya no pude salir indemne de su odio de fuego.

Tras la catarsis, todos emprendimos la huida con el aliento ácido aún en llamas. Sobre el mantel, quedaron sepultados por el dolor nuestros lazos de sangre.


Relato escrito para estanochetecuento.com - ENTC Concurso 2021. EmocioNanTCe.

Un relato con menos de 200 palabras inspirado en EL ENFADO Y LA IRA.

 




lunes, 6 de septiembre de 2021

RIESGOS LABORALES

 

Cuando acepté aquel caso, jamás imaginé que mi futuro daría semejante vuelco. Me llamó el alcalde en persona. Estaba muy preocupado por las extrañas mutaciones que, desde hacía un tiempo, sufrían todos los habitantes del pueblo.  Como el ayuntamiento era el responsable de la conservación de los espacios naturales y de las aguas del municipio, solicitaba con urgencia mis servicios como abogado ambiental. Confiaba en que yo pudiera dar con el origen del misterio y encontrase la solución. Una investigación rigurosa reveló que algunas empresas realizaban vertidos ilegales de productos tóxicos al lago. Tras promover acciones legales contra ellas, libramos una dura batalla judicial durante años. Los jueces dictaron sentencias a nuestro favor, condenando a las empresas a pagar multas e indemnizaciones multimillonarias por los daños provocados.

Para ello, tuve que correr algunos riesgos y aceptar un pequeño cambio en mi vida. Regresé al bufete satisfecho, moviendo mi cola verde.



Relato Ganador del Voto Popular del mes de septiembre/21 en el XIII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados.

Palabras: Cambio / Verde / Promover / Futuro / Conservación.