jueves, 16 de abril de 2026

KINTSUGI

 

Cuando la mujer que amaba se convirtió en su musa y después lo abandonó, el pintor se sintió muy perdido entre los paisajes de grises y negros. De sus lienzos desaparecieron todas las formas armoniosas y etéreas. De sus pinceles solo fluían siluetas angulosas que yacían inertes sobre fondos sin color. Se sentía tan roto por dentro que le resultaba imposible pintar sin que emergiera la oscuridad de su pena. Añoraba tanto aquellos ojos de lluvia, donde su piel de arena saciaba su sed, que necesitaba encontrar la manera de recuperar otra vez el equilibrio. Por eso, buscó inspiración en la naturaleza, en el silencio, en cada aroma, aunque en su interior siguieran sangrando sus heridas. Pero un día, tendido en el diván del psicólogo durante una sesión, el dolor fluyó como lava incandescente y todo cambió. Comprendió que podría reparar sus grietas con una amalgama de sentimientos de oro y palabras de luz. Que tras la tormenta casi siempre brilla el arcoíris. Salió de la consulta con una sonrisa en los labios y un aleteo en la mirada. Confiaba en que, poco a poco, lograría revertir aquella situación tan dolorosa que había paralizado su cuerpo y quebrado su alma.

Desde entonces, su corazón empezó a latir con mucha más fuerza, como si recobrase el aliento y el valor con las imperfecciones de sus doradas cicatrices, aumentando su capacidad de amar. Y de su pecho afloró tanta belleza que, de nuevo, sus pinceladas se impregnaron de colores y sueños.


Relato publicado en la Antología "Miniaturas del corazón",

 de Revista Brevilla.


Puedes descargarla gratuitamente en el siguiente enlace:

"MINIATURAS DEL CORAZÓN"







SUEÑOS ROTOS

 

Aunque hace tiempo que su mamá murió y se quedaron solos, piensa que tiene el mismo derecho que sus compañeros a aprender y estudiar, pero se avergüenza de su pobreza y de aún no disponer del material escolar necesario.

Antes de marcharse a buscar trabajo, su papá le ha prometido que por la mañana se lo traerá. Si consigue tenerlo a tiempo, no lo suspenderán ni tendrá que repetir curso. Esta noche descansará mucho mejor sin tener que preocuparse por nada, sin tragarse sus lágrimas. Porque los hombres no lloran, le dice siempre papá. Y él ya no es ningún niño. Podrá imaginar que su padre tendrá suerte por fin y encontrará un trabajo normal, como el de los demás. Así no necesitará inventarse más excusas por no haber hecho los deberes, ni volverá a ir a clase asustado por vestir ropa usada y sucia. Nadie se reirá nunca más de él, ni lo insultarán, ni rechazarán, ni lo dejarán solo en el recreo.

Se siente tan ilusionado por despertar mañana que antes de acostarse prepara su mochila. Dobla con cariño todos los sueños que ha ido atesorando durante años bajo la almohada y los guarda en ella, dejando sitio para los que pueda tener hoy y para sus libros, lápices y cuadernos nuevos. En cuanto se mete en la cama, poco a poco se le van cerrando los ojos sin querer y se queda dormido con una sonrisa en los labios.

Pero aquella madrugada, de repente, en la calle donde vive, un gran estruendo de cristales rotos rompe el silencio y dispara una alarma silenciosa. Sin embargo, él duerme ajeno a lo que está ocurriendo fuera. Desconoce que sus sueños se desvanecerán para siempre con un ulular de sirenas policiales, cuando su peor pesadilla se haga realidad. 


Relato publicado en la Antología de cuentos y relatos "De nuestra parte para ti", 

compilada por Manuel Serrano y Laia Editora Argentina.


Puedes descargarla gratuitamente en el siguiente enlace:

ANTOLOGÍA DE CUENTOS Y RELATOS "DE NUESTRA PARTE PARA TI"








Aquí puedes escuchar el relato leído por Maite Bilbao.