viernes, 15 de febrero de 2019

NO HAY ATARDECER...


No hay atardecer 

que no se incendie en tus ojos 

ni rayo de luna 

que no huela a tu piel.

No hay cielo azul 

que no brille en tu mirada 

ni rumor de mar 

que no sea música para ti. 

No hay tempestad 

que no se meza en tu pelo 

ni poema de amor 

que no seas tú.





SABES A SONRISA EN LA MIRADA...


Sabes a sonrisa en la mirada 

a caricia que desnuda la noche 

a besos dormidos en el cabello 

a abrazos de luna, a madrugada. 


Sabes a cosquillas en la espalda 

a sueños que se cumplen 

a manos entrelazadas 

a susurros de brisa, a labios al alba.





FLORECE AL CALOR DE SUS MANOS...


Florece al calor de sus manos

el sentimiento 

que en su pecho esconde 

la emoción cuando él la mira 

que le arrebola el alma 

la esperanza que alimenta 

que tiñe de arcoíris 

los sueños que duermen en su piel 

que aroman sus besos 

que susurran cuando laten.





CÓMO OLVIDAR...


Cómo olvidar 

ese silencio que suspira 

justo antes de rozar las nubes, 

que desnuda madrugadas 

cuando la luna apaga la luz. 


Cómo recordar 

ese quejido del amanecer 

al notar que le duele la noche, 

que envidia todas sus caricias 

cuando no llega el alba.





jueves, 14 de febrero de 2019

DE TRES EN TRES


Suena la alarma del despertador a las 07:00 h, como cada mañana. Laura sobresaltada por ese pitido ensordecedor, se incorpora y la detiene de un manotazo. Enciende la luz. 

—Parece que ha refrescado —piensa Laura, al sacar los brazos de debajo del edredón. 

Se calza las zapatillas y se dirige al baño. Al salir, apaga y enciende la luz tres veces, por si acaso. 

Tras lavarse tres veces las manos con jabón, se da una ducha con tres jabonadas. Después de secarse el pelo se dirige a la cocina para desayunar, pero antes de marcharse, apaga y enciende la luz tres veces. 

Sentada en la cocina, de tres en tres sorbos, saborea su primer café del día. Lava tres veces su taza. Debe darse prisa si no quiere llegar tarde a la oficina, pero antes se asegura de que todo está en orden. Comprueba habitación por habitación. Apaga y enciende la luz tres veces, cada una de ellas. 

Por partida triple, abre y cierra la puerta de la calle antes de echar la llave. 

Como sufre de claustrofobia, no puede subir al ascensor. Utiliza las escaleras. Lo hace ascendiendo y descendiendo cada tramo por triplicado. 

Luego, se dirige a su trabajo dando un paseo. Sabe que, aunque el trayecto es corto, le cuesta un buen rato llegar hasta allí. Por cada diez pasos que da, ha de retroceder tres. Y si se equivoca, ha de volver a empezar o, de lo contrario, se agobia y es incapaz de moverse. 

Cada paso de cebra que encuentra en su recorrido ha de cruzarlo en tres ocasiones, entre ida y vuelta. Además, ha de esperar hasta que la luz cambie a verde tres veces antes de cruzar los semáforos. 

Llega al despacho agotada. Enciende y apaga el ordenador tres veces antes de comenzar su jornada. 

En todas las tareas que lleva a cabo, su esfuerzo es triple. 

Sus jefes y sus compañeros de trabajo lo saben. Por eso, procuran no distraerla, si no ha de repetirlo todo. Trabaja a su propio ritmo, pero es eficaz. El resultado es muy satisfactorio. 

Ellos respetan sus manías, aunque están algo preocupados, porque han observado que últimamente ha sufrido un empeoramiento. De un tiempo para acá, se empeña en controlarlo todo de una manera exhaustiva y, cuando cree que algo se le escapa, sufre ataques de ansiedad y le falta el aire. 

Al finalizar la jornada, es la encargada de cerrar la oficina. Hacerlo le lleva un buen rato. Hasta que no está segura de haber apagado y encendido tres veces la luz, así como de abrir y cerrar las puertas de cada despacho, no se marcha tranquila. 

Terminada su rutina de cierre, le espera otro agotador camino de regreso a casa. A lo largo del trayecto, repite lo mismo que ha hecho por la mañana, pero a la inversa. Esto le ocupa mucho tiempo. 

No tiene prisa y se lo toma con calma. Sabe que no puede evitar su comportamiento. Reconoce que debería hacer algo más para intentar llevar una vida normal, como la de los demás. 

Lo ha intentado en múltiples ocasiones, pero, hasta ahora, no le ha funcionado ninguna terapia y, por sí solo, el tratamiento médico que le han prescrito no hace milagros. 

No quiere que esos pensamientos la alejen de la realidad y la desconcentren. Si pierde la cuenta, ha de volver atrás y empezar de cero. 

Por último, sube y baja tres veces las escaleras antes de llegar a casa. Luego, tras repetir su triple acción de apertura y cierre de la puerta de la calle, echa la llave por dentro. 

Nadie la espera para cenar. 


(Relato publicado en el nº 36 de la Revista Digital El Narratorio de Febrero/2019)











SENRYU 91 VEN A MI LADO...




sábado, 9 de febrero de 2019

ALARGÓ SU BRAZO SOBRE LA CAMA...



«Alargó su brazo sobre la cama buscando su cuerpo dormido. El frío le devolvió la caricia al rozar con sus dedos las gélidas sábanas, ocupadas por su ausencia. Esto despertó de golpe su piel y su corazón roto. Se ovilló de nuevo en su dolor».


Microrrelato escrito para el Certamen de Relato Corto de @ViasLiterarias