Aunque
hace tiempo que su mamá murió y se quedaron solos, piensa que tiene el mismo derecho
que sus compañeros a aprender y estudiar, pero se avergüenza de su pobreza y de
aún no disponer del material escolar necesario.
Antes
de marcharse a buscar trabajo, su papá le ha prometido que por la mañana se lo traerá.
Si consigue tenerlo a tiempo, no lo suspenderán ni tendrá que repetir curso. Esta
noche descansará mucho mejor sin tener que preocuparse por nada, sin tragarse
sus lágrimas. Porque los hombres no lloran, le dice siempre papá. Y él ya no es
ningún niño. Podrá imaginar que su padre tendrá suerte por fin y encontrará
un trabajo normal, como el de los demás. Así no necesitará inventarse más
excusas por no haber hecho los deberes, ni volverá a ir a clase asustado por vestir
ropa usada y sucia. Nadie se reirá nunca más de él, ni lo insultarán, ni rechazarán,
ni lo dejarán solo en el recreo.
Se
siente tan ilusionado por despertar mañana que antes de acostarse prepara su
mochila. Dobla con cariño todos los sueños que ha ido atesorando durante años
bajo la almohada y los guarda en ella, dejando sitio para los que pueda
tener hoy y para sus libros, lápices y cuadernos nuevos. En cuanto se mete en
la cama, poco a poco se le van cerrando los ojos sin querer y se queda dormido
con una sonrisa en los labios.
Pero
aquella madrugada, de repente, en la calle donde vive, un gran estruendo de
cristales rotos rompe el silencio y dispara una alarma
silenciosa. Sin embargo, él duerme ajeno a lo que está ocurriendo fuera. Desconoce
que sus sueños se desvanecerán para siempre con un ulular de sirenas policiales,
cuando
su peor pesadilla se haga realidad.
Relato publicado en la Antología de cuentos y relatos "De nuestra parte para ti",
compilada por Manuel Serrano y Laia Editora Argentina.
Puedes descargarla gratuitamente en el siguiente enlace:
ANTOLOGÍA DE CUENTOS Y RELATOS "DE NUESTRA PARTE PARA TI"




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