Noche de trazos inconexos,
de piel de acuarela,
de mirada de papel.
La luna se desvanece
entre tus labios
y no hay estrellas
en su desnudez.
Trae el eco
suspiros de cielo,
palabras nube
precipitándose
al abismo,
caricias olvidadas
con voz de ayer.
Noche de trazos inconexos,
de piel de acuarela,
de mirada de papel.
La luna se desvanece
entre tus labios
y no hay estrellas
en su desnudez.
Trae el eco
suspiros de cielo,
palabras nube
precipitándose
al abismo,
caricias olvidadas
con voz de ayer.
Aunque
intento aceptar la realidad, no lo puedo evitar. Soy un nostálgico. Una vez
superada la conmoción inicial, vuelvo a ser el mismo de siempre. Sigo emocionándome
al escuchar un bolero, una bella historia o un poema de amor. Añoro cosas tan
sencillas como el calor del hogar, la emoción de un abrazo sincero y el poder
de una mirada enamorada. También anhelo volver a sentir esas caricias que
estremecen la piel o rozar tus labios bajo la luz de la luna. Pero qué le voy a
hacer si lo echo tanto de menos…
Por
eso, hay momentos en los que me invade la tristeza y la melancolía. Todavía soy
incapaz de recordar lo que ocurrió aquella fatídica noche cuando, tras darnos
aquel apasionado beso, aparecí croando en esta ciénaga.
Me
atreví a dar aquel paso, aun a riesgo de equivocarme. Lo había ido postergando durante
años para que no fuera tan visible mi dolor. A pesar del tiempo transcurrido, nunca
sanaron mis heridas. Por eso, cuando recibí la llamada de aquel abogado, supe
que la vida me brindaba otra oportunidad. Me personé en su bufete, con más
dudas que certezas. Aunque mi incertidumbre se disipó al reconocer un pequeño fragmento
de tejido que se encontraba sobre su mesa. Mi corazón dio un vuelco. No tenía
ninguna duda de que pertenecía a la camisa que vestía mi marido el día que
desapareció. Jamás volví a verlo. El letrado representaba a la persona que
arriesgó su vida para preservar el destino y la identidad de otros.
Gracias
a él y a la justicia, cicatrizaron mis heridas. Mi marido recuperó el honor
cuando, tras abrir aquella fosa, la memoria venció al olvido.
En
cada restauración de antigüedades, intentaba alcanzar esa excelencia única, tan
alejada de modas sin personalidad. Antes de empezar, las observaba en silencio tratando
de escuchar su voz. Supo que esta era diferente, especial. Debía respetar su
esencia, si quería construir algo bello. Parecía tener alma, incluso,
la oyó palpitar. Mientras buscaba la procedencia de aquel latido, fue engullido
por la negrura. Algo accionó el mecanismo que selló su tiempo en el corazón del
reloj.
Hoja a hoja
me despojaré de ti
y seré otoño.
Verso a verso
fluirán ríos de palabras
incandescentes.
Será tiempo
de cobijar luz
en el alma,
de curar heridas
con letras,
de tañer silencios.
Etéreo suspiro
que despliega mis alas
y eleva mi pecho.
Liviana palabra
que el viento espuma
y de la lluvia cobija.
Silencio a gritos
que empapa de luz
y tiñe de versos.
Eco de abismos
que rompe la voz
y anida en el alma.
Todo eso eres...
Presas de tu luz,
tus caricias silencio.
Un velo de ausencia,
como cristales de sal
sobre mi cuerpo.
Cae la noche
entre lunas de mar,
mi espalda rota
y mis manos de arena.
Llueve soledad
sobre mi desnudez.
Callan mis latidos
lo que grita el viento.
Si pudiera
detener el tiempo
Hay silencios desnudos
en la memoria
que son melodía en la piel.
Hay palabras mudas
en los labios
que gritan en un abrazo.
Hay días noche
en una ausencia
que disparan al corazón.
Hay noches día
en la ternura
que iluminan tanto como tú.
Queman
su piel los primeros rayos de sol. Abriendo sus ojos, poco a poco, abandona el
velo de oscuridad que los cubre, acostumbrándose a la luz. Su cuerpo se despoja
de la soledad que lo acompaña durante la noche, sin rozar su desnudez, que
duerme dándole la espalda. Abandona su gélida habitación. Necesita descongelar
los sentimientos, que le ahogan atravesados en su garganta, pugnando por salir.
Todo ha terminado.
El
amanecer devuelve la tibieza a su cuerpo. Se refugia en el bálsamo de su abrazo.
Su alma de blues arrastra su dolor mientras con su voz rota acaricia sus
cuerdas.
Durante
la cena familiar, sin preaviso, se produjo la erupción de
reproches. En cuanto nos sentamos a la mesa, una lluvia fina de cenizas se
cernió sobre nosotros como preludio de la catástrofe. Con los primeros
temblores, se tambalearon los cimientos que nos proporcionaban equilibrio. Al escuchar
algunos crujidos a traición, se resquebrajó la fortaleza que nos mantenía unidos.
Dolían demasiado esas grietas. Aun así, intenté evitar que por ellas escapara toda
aquella ira corrosiva que habíamos ido acumulando durante años. Mis hermanas,
al rojo vivo, comenzaron a lanzarse rocas de agravios, que reabrieron sus
heridas incandescentes. Intenté tranquilizarlas, que recuperaran la cordura,
pero su cólera fue en aumento e hicieron frente común contra mí. Me vi
arrastrado por su rabia de lava y ya no pude salir indemne de su odio de fuego.
Tras
la catarsis, todos emprendimos la huida con el aliento ácido aún en llamas. Sobre
el mantel, quedaron sepultados por el dolor nuestros lazos de sangre.
Cuando
acepté aquel caso, jamás imaginé que mi futuro daría semejante vuelco. Me llamó
el alcalde en persona. Estaba muy preocupado por las extrañas mutaciones que,
desde hacía un tiempo, sufrían todos los habitantes del pueblo. Como el ayuntamiento era el responsable de la
conservación de los espacios naturales y de las aguas del municipio, solicitaba
con urgencia mis servicios como abogado ambiental. Confiaba en que yo pudiera dar
con el origen del misterio y encontrase la solución. Una investigación rigurosa
reveló que algunas empresas realizaban vertidos ilegales de productos tóxicos al
lago. Tras promover acciones legales contra ellas, libramos una dura batalla
judicial durante años. Los jueces dictaron sentencias a nuestro favor, condenando
a las empresas a pagar multas e indemnizaciones multimillonarias por los daños
provocados.
Para
ello, tuve que correr algunos riesgos y aceptar un pequeño cambio en mi vida.
Regresé al bufete satisfecho, moviendo mi cola verde.
Relato Ganador del Voto Popular del mes de septiembre/21 en el XIII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados.